Pelvis, respiración y movimiento: comprender el diafragma pélvico desde una perspectiva global

TÍTULO DEL LIBROAUTORA
The Pelvic Diaphragm. Treating Pain and Dysfunction From a Global Anatomical Perspective.Julie Hammond
Capítulos analizados: 3, 4 y 6, de Julie Hammond, y capítulo 9, de Fiona Palmer.

Introducción

Cuando hablamos de suelo pélvico, es frecuente pensar en unos músculos que debemos contraer o fortalecer. Sin embargo, esa imagen resulta insuficiente para comprender una región que participa en el soporte de las vísceras, la continencia, la función sexual y la adaptación a las demandas del movimiento y de la respiración. Su funcionamiento implica músculos, fascias, ligamentos y estructuras óseas, con relaciones que se extienden hacia el abdomen, las caderas y el tórax.

Esta es la perspectiva que desarrolla Julie Hammond en The Pelvic Diaphragm. La autora combina descripciones anatómicas, investigaciones, observaciones de su práctica y propuestas de exploración corporal para estudiar el diafragma pélvico dentro de un contexto más amplio.

Hammond procede del ámbito de la integración estructural y está vinculada a Anatomy Trains. Su experiencia influye en la importancia que concede a las relaciones entre estructuras, al contacto manual y a la percepción corporal. Desde la introducción reconoce su ámbito profesional y defiende la colaboración entre disciplinas en la atención al dolor y la disfunción pélvica.

La obra se organiza en diez capítulos, que avanzan desde los fundamentos anatómicos hasta las propuestas prácticas:

  1. Introducción: ampliar la mirada. Presenta el propósito del libro, la relación entre el análisis local y global, la observación corporal y el contacto manual. Destaca la importancia de escuchar a la persona, acordar objetivos y adaptar las intervenciones.
  2. El «origami fascial». Describe la fascia como un tejido que conecta, separa, sostiene y se adapta. Revisa su clasificación, los componentes del tejido conjuntivo, su dimensión sensorial, los cambios relacionados con las hormonas y el envejecimiento y el modelo de tensegridad.
  3. La pelvis ósea. Examina los huesos, las articulaciones y los ligamentos de la pelvis, los mecanismos que contribuyen a su estabilidad y sus movimientos durante la marcha.
  4. El diafragma pélvico. Profundiza en sus capas, funciones y relaciones anatómicas. Aborda la contracción, la relajación, las posibles disfunciones y la influencia de la posición corporal, e incorpora experiencias educativas y propuestas manuales.
  5. Las conexiones desde los pies y las piernas. Estudia la anatomía del pie y del tobillo, el mecanismo de windlass y las relaciones entre el apoyo, la absorción de cargas y la pelvis. También aborda la incontinencia urinaria en deportistas.
  6. El diafragma respiratorio. Revisa su anatomía, sus conexiones fasciales y su coordinación con la pared abdominal y el diafragma pélvico. Incluye la observación de la respiración y su relación con la postura y el estado emocional.
  7. La fascia toracolumbar. Analiza sus capas y conexiones con la musculatura del tronco, las extremidades y la pelvis, así como su participación en la transmisión de fuerzas y su posible implicación en el dolor lumbar.
  8. El suelo de la boca, la laringe y la mandíbula. Amplía el recorrido hacia el cuello y la cabeza. Examina sus conexiones anatómicas y la participación de la glotis en la regulación de presiones, reconociendo también cuestiones todavía abiertas.
  9. La autoliberación miofascial. Escrito por Fiona Palmer, propone recursos de automasaje, respiración y movimiento para distintas regiones corporales, concebidos como complemento del trabajo profesional y de la participación activa de la persona.
  10. La aplicación mediante Pilates. Escrito por Sharon Michau, traslada la perspectiva global a ejercicios y aparatos de Pilates, con atención al apoyo de los pies, la respiración y la coordinación corporal.

En este episodio nos detenemos en los capítulos 3, 4, 6 y 9. Comenzaremos por la estructura ósea que alberga el diafragma pélvico, continuaremos con su organización y su relación con la respiración, y terminaremos con las propuestas de autoliberación y movimiento.

El recorrido permite conectar anatomía y práctica, manteniendo una distinción importante: una relación anatómica puede fundamentar una hipótesis de intervención, pero su eficacia necesita evaluarse en las personas y los problemas para los que se propone.

1. La pelvis ósea: soporte, transferencia de cargas y movimiento

Comprender la estructura que alberga el diafragma pélvico

El capítulo 3 comienza por una cuestión fundamental: para comprender el diafragma pélvico es necesario conocer la pelvis en la que se dispone.

El anillo pélvico está formado por los dos huesos coxales, el sacro y el cóccix. Cada coxal reúne ilion, isquion y pubis. Ambos lados se articulan por delante en la sínfisis púbica y por detrás con el sacro, mediante las articulaciones sacroilíacas.

Esta organización protege las vísceras y permite transferir cargas entre el tronco y las extremidades inferiores. Además, ofrece inserciones a numerosos músculos y ligamentos. Por ello, Hammond dedica espacio a referencias como las crestas ilíacas, las espinas ilíacas, las tuberosidades isquiáticas y las ramas del pubis.

El objetivo es construir una representación tridimensional que permita comprender dónde se encuentran las estructuras y cómo se relacionan.

El cóccix recibe una atención particular. Aunque pequeño, constituye un punto de inserción de estructuras musculares y ligamentosas vinculadas al soporte pélvico. Su relación con el elevador del ano ayuda a entender por qué aparece tanto en la descripción anatómica como en la exploración posterior de la contracción y la relajación.

Estabilidad mediante la forma y mediante las fuerzas

Para explicar la estabilidad sacroilíaca, el capítulo utiliza los conceptos de form closure y force closure, que podemos traducir como cierre por forma y cierre por fuerza.

El cierre por forma se refiere a la contribución de la configuración anatómica de la articulación. El cierre por fuerza describe las fuerzas de compresión generadas mediante la interacción de músculos, fascias y ligamentos.

Ambos conceptos ayudan a comprender cómo una articulación con movilidad reducida puede participar en la transferencia de cargas.

El sacro realiza pequeños movimientos de nutación y contranutación respecto a los coxales. Durante la nutación, su base se orienta hacia delante y abajo; durante la contranutación, hacia atrás y arriba. Estos movimientos no deben confundirse con la anteversión y la retroversión de la pelvis como conjunto.

Los ligamentos sacrotuberoso, sacroespinoso, iliolumbar y sacroilíacos forman parte de este sistema. El libro destaca, por ejemplo, las relaciones del ligamento sacrotuberoso con estructuras musculares próximas.

La idea que se desprende es que el soporte depende de las propiedades de cada estructura y de las relaciones entre ellas.

La pelvis durante la marcha

Al caminar, la pelvis combina movimientos en tres planos:

  • Sagital: basculaciones anteriores y posteriores.
  • Frontal: elevación y descenso de sus lados.
  • Transversal: rotaciones.

Su comportamiento cambia cuando pasamos del apoyo sobre ambos pies al apoyo sobre uno y avanzamos hacia el siguiente paso.

Hammond relaciona estos movimientos con las fases de la marcha y con la progresión del apoyo desde el talón hacia el tobillo, el antepié y los dedos. El pie se adapta al contacto con el suelo y participa después en la progresión; la pelvis acompaña esa secuencia mediante movimientos coordinados con la cadera y el tronco.

La utilidad práctica de esta descripción es observar la pelvis también en movimiento. Una fotografía de pie no informa por sí sola de cómo una persona transfiere el peso, organiza un paso o tolera una actividad.

Podemos explorar qué sucede al caminar, cambiar de dirección o apoyarse sobre una pierna, y relacionarlo con los síntomas y las capacidades que interesa mejorar.

La observación de una asimetría sirve para formular preguntas. Por sí sola no identifica el origen del dolor ni demuestra que una pelvis necesite «recolocarse».

¿Qué aporta la perspectiva de tensegridad?

La autora recurre a la tensegridad para representar cómo las fuerzas de tensión y compresión participan en la organización del cuerpo. Aplicada a la pelvis, esta perspectiva invita a considerar las estructuras que se relacionan con ella desde arriba y desde abajo.

Como recurso conceptual, permite ampliar la exploración. Su límite aparece cuando se pretende deducir de ese modelo una causa concreta de dolor o la necesidad de tratar una región distante.

En esta revisión lo utilizamos como el marco interpretativo propuesto por Hammond, sin convertirlo en un procedimiento diagnóstico ni en una demostración de eficacia terapéutica.

2. El diafragma pélvico: una organización en capas que debe adaptarse

¿Por qué la autora prefiere hablar de «diafragma»?

El título del capítulo 4 propone cambiar la imagen con la que representamos esta región. Un suelo puede evocar una superficie firme e inmóvil, mientras que un diafragma sugiere una estructura capaz de responder y cambiar de forma.

Hammond utiliza esa diferencia para favorecer una representación más dinámica de la región pélvica.

Conviene precisar la terminología. En anatomía, el diafragma pélvico muscular se describe habitualmente mediante el elevador del ano y el coccígeo, con sus fascias. En el libro, la expresión se emplea en un sentido más amplio e incluye cuatro niveles del complejo pélvico y perineal.

Es una elección explícita de la autora que facilita su explicación integrada, aunque no coincide con todas las clasificaciones anatómicas.

Las cuatro capas descritas en el libro

Nivel¿Qué conviene comprender?
Fascia endopélvicaRed de tejido conjuntivo relacionada con el soporte de las vísceras y sus conexiones con las paredes pélvicas.
Plano muscular profundoIncluye el elevador del ano —puborrectal, pubococcígeo e iliococcígeo— y el coccígeo. Participa en el soporte y en las funciones de cierre.
Membrana perinealForma parte de una organización tridimensional conectada con estructuras vecinas. Su descripción ha evolucionado respecto al antiguo modelo de «diafragma urogenital».
Plano perineal superficialIncluye los músculos bulboesponjoso, isquiocavernoso y transverso superficial del periné. El capítulo también aborda el esfínter anal externo y el cuerpo perineal.

La división en capas facilita el estudio, pero no significa que actúen como compartimentos independientes.

El cuerpo perineal, por ejemplo, constituye un punto de relación entre diversas estructuras. Asimismo, el arco tendinoso del elevador del ano se relaciona con la fascia del obturador interno: una conexión anatómica relevante entre el soporte pélvico y la pared lateral de la pelvis.

El libro también concede atención al piriforme y al obturador interno. Aunque no forman parte del diafragma pélvico muscular en sentido estricto, sus relaciones justifican considerarlos en la exploración de la región cuando la situación clínica lo requiera.

Funciones que requieren respuestas diferentes

El complejo pélvico participa en el sostén de los órganos, la continencia urinaria y fecal y la función sexual. También se coordina con la pared abdominal y el diafragma respiratorio en las demandas de presión y control del tronco.

Estas funciones requieren respuestas diferentes: sostener durante una actividad, responder ante un esfuerzo, permitir la evacuación o adaptarse a la respiración.

Por tanto, describirlo únicamente mediante su fuerza deja fuera parte de su funcionamiento. Importan la capacidad de producir fuerza, el momento de la respuesta, la tolerancia a la carga y la posibilidad de reducir la actividad cuando la tarea lo requiere.

Contracción, relajación y coordinación

Una aportación especialmente útil del capítulo es recordar que los síntomas pélvicos no responden siempre a una falta de fuerza.

Puede existir una capacidad contráctil insuficiente, pero también sobreactividad, dolor o dificultad para relajarse. Además, un músculo con tensión elevada no es necesariamente un músculo fuerte.

De ahí que una recomendación genérica de «apretar más» resulte insuficiente. Primero hay que determinar qué ocurre y qué capacidad necesita mejorar esa persona.

La revisión de van Reijn-Baggen y colaboradores encontró posibles beneficios de la fisioterapia para la hipertonía del suelo pélvico, aunque señaló limitaciones metodológicas importantes en los estudios incluidos. Esta evidencia apoya una atención específica, sin validar indistintamente todas las técnicas de un manual. pubmed.ncbi.nlm.nih.gov

Hammond describe dos componentes de la contracción voluntaria: cierre y elevación. También insiste en la educación anatómica y en adaptar las instrucciones.

Una persona puede interpretar «contrae el suelo pélvico» de una manera diferente a la esperada. Por ello, explicar una consigna y comprobar su ejecución son tareas distintas.

Aprender a representar y reconocer la región

El capítulo propone dibujar y reconocer las referencias de la pelvis para construir una imagen corporal más clara. A partir del pubis, el cóccix y las tuberosidades isquiáticas, la autora introduce la organización de la región perineal y sus planos.

El valor educativo reside en ayudar a comprender dónde están las estructuras y qué se pretende sentir. Combinar una explicación anatómica con una experiencia corporal puede hacer más comprensible una tarea.

Sin embargo, esa percepción no sustituye una valoración clínica ni permite identificar de forma aislada cada músculo profundo.

La posición corporal como variable de aprendizaje

La autora analiza cómo distintas posiciones pueden modificar la actividad muscular y la experiencia de contracción. También reconoce que no existe una postura perfecta y que la observación de referencias óseas tiene limitaciones.

Una aplicación práctica consiste en comparar posiciones cómodas:

  • ¿La persona comprende mejor la tarea tumbada, sentada o de pie?
  • ¿Puede respirar con naturalidad mientras la realiza?
  • ¿Consigue reducir la tensión después de contraer?
  • ¿Cambiar de posición facilita el aprendizaje o modifica los síntomas?

La finalidad es encontrar condiciones útiles para aprender y progresar, evitando convertir una inclinación pélvica en una explicación universal.

Las propuestas manuales del capítulo

Hammond presenta técnicas sobre la región púbica y sus conexiones con abdominales y aductores, un contacto que «acuna» la pelvis, trabajo sobre la región glútea y propuestas dirigidas al entorno del obturador interno.

Se combinan contacto manual y pequeños movimientos de la persona, con la intención de facilitar comodidad y movilidad.

Estas propuestas pertenecen al enfoque clínico de la autora. Requieren selección, consentimiento y adaptación; el propio libro incluye precauciones y contraindicaciones según la técnica.

Su interés para esta revisión está en comprender el razonamiento y la necesidad de reevaluar la respuesta, sin convertir una fotografía en instrucciones de autotratamiento.

Figura 4.16, Cradling the pelvis, página 82.


«Propuesta de contacto manual combinado con movimiento activo de la pelvis. Fuente: Hammond, 2026, figura 4.16».

3. El diafragma respiratorio: movimiento y coordinación con la pelvis

La imagen de una medusa

En el capítulo 6, Hammond utiliza la imagen de una medusa para representar la movilidad del diafragma respiratorio.

La metáfora pretende facilitar su visualización: una estructura curva y dinámica que modifica su forma durante el ciclo respiratorio.

Anatómicamente, se trata de un músculo con un centro tendinoso y porciones esternal, costal y lumbar. Separa las cavidades torácica y abdominal, se relaciona con las costillas inferiores y presenta inserciones lumbares mediante sus pilares.

Sus relaciones con el psoas, el cuadrado lumbar y las fascias del tronco permiten comprender por qué el capítulo estudia la respiración dentro de una organización corporal más amplia.

Durante la inspiración, el diafragma se contrae y desciende, contribuyendo a aumentar el volumen torácico. La pared abdominal y la caja torácica participan en los cambios de forma.

Durante la espiración tranquila, el diafragma asciende al relajarse y el retroceso elástico contribuye a la salida del aire.

Dos diafragmas que se desplazan de forma coordinada

Una idea central es que, durante la respiración tranquila, el diafragma respiratorio y el suelo pélvico pueden desplazarse en la misma dirección: hacia abajo en la inspiración y hacia arriba en la espiración.

Un estudio piloto mediante resonancia magnética dinámica documentó este patrón en ocho mujeres sanas. Es una observación fisiológica relevante, aunque su muestra pequeña y las condiciones del estudio no permiten generalizarla sin matices a cualquier tarea o situación clínica. pubmed.ncbi.nlm.nih.gov

Compartir dirección de desplazamiento no significa realizar la misma acción muscular. Al inspirar, el diafragma respiratorio se contrae, mientras el suelo pélvico se adapta al cambio de presión y longitud. Al espirar se produce el desplazamiento de retorno.

Desplazamiento, activación y contracción voluntaria son conceptos relacionados, pero diferentes.

Esta distinción evita interpretar cada exhalación como si fuera una repetición de fortalecimiento. También permite comprender por qué toser, levantar una carga o correr exigen respuestas que no pueden reducirse al patrón de respiración en reposo.

El abdomen participa en esta relación

Entre ambos diafragmas se encuentran las vísceras y la pared abdominal. Hammond describe continuidades fasciales entre abdomen, periné y región lumbar, y explica la importancia de que la caja torácica pueda expandirse y la pared abdominal adapte su tensión.

El capítulo introduce además la zona de aposición: la región en la que el diafragma se encuentra adyacente a la cara interna de las costillas inferiores. Este concepto permite relacionar su geometría con la mecánica respiratoria.

En la práctica, el libro propone observar el movimiento costal, la relación entre tórax y pelvis y la facilidad para respirar en distintas posiciones.

Estas observaciones pueden ayudar a explorar una tarea, sin inferir a partir del aspecto del tórax que existe una disfunción concreta. Una misma persona modifica su respiración según el esfuerzo, la posición y el contexto.

Respiración y experiencia corporal

La autora también invita a observar cómo cambia la respiración con el estado emocional.

Su propuesta permite introducir la experiencia subjetiva: una persona puede notar tensión, esfuerzo, comodidad o cambios en el ritmo respiratorio que la observación externa no recoge por completo.

En el contexto del dolor, esto justifica escuchar cómo se vive la tarea y ajustar las instrucciones. No significa atribuir el dolor a una emoción concreta ni asumir que una técnica respiratoria resolverá por sí sola una disfunción pélvica.

Qué lugar ocupan los ejercicios respiratorios

El libro propone observar la respiración con las manos sobre las costillas inferiores, utilizar imágenes mentales y explorar la coordinación con la región pélvica.

Son recursos para enseñar y percibir el movimiento. Sin embargo, su interés educativo debe distinguirse de su eficacia como tratamiento.

La revisión sistemática de Bø, Driusso y Jorge concluyó que la evidencia disponible era escasa o inexistente para recomendar ejercicios respiratorios como sustituto o añadido eficaz al entrenamiento específico del suelo pélvico en el tratamiento de la incontinencia urinaria y el prolapso. En general, los ensayos favorecieron el entrenamiento específico. pubmed.ncbi.nlm.nih.gov

Por tanto, la coordinación respiratoria puede ser un objeto de observación y aprendizaje, pero no debemos presentarla como una alternativa de eficacia equivalente para esas condiciones.

Esta conclusión tampoco debe extrapolarse automáticamente a todas las formas de dolor pélvico: son preguntas clínicas diferentes.

Figura 6.12, Gliding the abdominal fascia, página 141.


«Propuesta manual sobre la fascia abdominal presentada en el capítulo del diafragma respiratorio. Fuente: Hammond, 2026, figura 6.12».

4. Autoliberación miofascial: del alivio percibido al movimiento

La aportación de Fiona Palmer

El capítulo 9 está escrito por Fiona Palmer y desplaza el foco hacia la participación activa de la persona.

Reúne técnicas de automasaje con manos, pelotas y otros apoyos, junto con propuestas de respiración y movimiento. Las organiza en cinco regiones:

  • Pelvis y cadera.
  • Pies y extremidades inferiores.
  • Diafragma respiratorio.
  • Fascia toracolumbar.
  • Cuello y mandíbula.

Su planteamiento consiste en explorar si una intervención suave permite sentir menos tensión o moverse con mayor comodidad y aprovechar después esa experiencia durante una actividad.

El automasaje se presenta así como un recurso que puede acompañar el aprendizaje y el ejercicio.

Qué significa «liberar»

El término autoliberación miofascial es habitual, pero conviene no interpretarlo como la demostración de que hemos despegado una fascia, eliminado adherencias o corregido permanentemente una estructura.

Tras un automasaje pueden cambiar sensaciones o medidas de movilidad. Ese resultado no identifica por sí mismo el mecanismo responsable.

Palmer cita, entre otros trabajos, un ensayo piloto de Kerautret y colaboradores sobre respuestas al automasaje. El estudio incluyó adultos sanos y evaluó variables como movilidad y bienestar percibido; no fue un ensayo de tratamiento de disfunciones pélvicas.

Por ello, sirve para contextualizar posibles efectos a corto plazo, sin demostrar la eficacia del conjunto de técnicas pélvicas del capítulo.

La propuesta de aprovechar una mejoría transitoria para practicar movimiento resulta comprensible. Lo que no debemos prometer es que la sensación de alivio garantice cambios duraderos, ni que exista una duración universal de ese efecto para todas las personas y técnicas.

Pelvis y cadera

Palmer propone apoyos en la región sacra, pequeños movimientos pélvicos y exploraciones de las zonas posterior y anterior de la cadera.

Las tareas combinan contacto, movimiento y atención a las sensaciones. El objetivo es explorar comodidad y movilidad, evitando convertir el trabajo en una búsqueda de presión cada vez mayor.

También aborda el movimiento del cóccix como recurso de observación de la actividad del suelo pélvico. No obstante, una autoexploración no equivale a una valoración completa ni permite determinar por sí sola el funcionamiento de toda la región.

Pies y extremidades inferiores

El capítulo incluye propuestas para movilizar los dedos, explorar el apoyo plantar y trabajar el movimiento del tobillo.

Estas tareas siguen la lógica global del libro: considerar cómo se organiza el apoyo y cómo participa la extremidad inferior en el movimiento.

La interpretación debe mantenerse ajustada. Mejorar la comodidad del pie o la movilidad del tobillo puede ser un objetivo pertinente, pero no demuestra que tratar esa región resuelva un síntoma pélvico.

Respiración

Palmer presenta ejercicios de atención al movimiento abdominal y costal, respiración cuadrada, visualización de la medusa y contacto manual abdominal.

Las propuestas buscan facilitar la percepción del ciclo respiratorio y la experiencia de expansión y retorno.

Algunas incorporan pausas respiratorias y requieren adaptación. Estas pausas no son un requisito para aprender a percibir la respiración, ni deben convertirse en una recomendación general para todas las personas.

Para una explicación divulgativa, el punto de partida más comprensible es observar una respiración cómoda y reconocer cómo se mueven el abdomen y las costillas, sin forzar amplitudes ni perseguir una ejecución rígida.

Región toracolumbar, cuello y mandíbula

El capítulo también incluye apoyos sobre tejidos posteriores, movimientos del tronco y acciones coordinadas de brazos y piernas.

En el cuello y la mandíbula se describen recursos para la región suboccipital, el tórax superior y los músculos de la masticación.

Estas propuestas amplían las posibilidades de exploración corporal. Su relevancia para un problema pélvico concreto debe determinarse individualmente; la existencia de conexiones anatómicas no obliga a intervenir sobre todas ellas.

La intensidad debe permitir una respuesta cómoda

Palmer insiste en comenzar con apoyos suaves y adaptar la presión. Utilizar una pelota más dura o soportar más dolor no constituye el objetivo.

También recomienda atender a lo que la persona siente y modificar el contacto cuando la respuesta no resulta adecuada.

El capítulo contiene técnicas próximas a zonas sensibles y otras con precauciones específicas para embarazo, cirugía reciente, prótesis, dolor o síntomas neurológicos.

Por eso, en una revisión divulgativa interesa explicar el criterio de selección y el objetivo de las propuestas, evitando presentar una secuencia de aplicación universal.

Cómo integrar el recurso en una actividad significativa

Como síntesis práctica de la lectura, podemos organizar el proceso en cuatro momentos. Esta secuencia es una propuesta para ordenar la observación, no un protocolo validado:

  1. Elegir una tarea relevante. Caminar, sentarse o realizar un movimiento cómodo permite establecer una referencia concreta de la experiencia inicial.
  2. Seleccionar un recurso con un objetivo definido. Si se incluye automasaje, debe responder a la valoración, permitir una presión tolerable y ajustarse a las características de la persona.
  3. Volver al movimiento. Repetir la tarea permite observar si cambia la comodidad o la ejecución. La sensación de «soltura» es un dato, pero interesa saber si ayuda a hacer algo significativo.
  4. Reevaluar y decidir. Mantener, modificar o retirar el recurso según su utilidad y su evolución. La ausencia de beneficio no exige aumentar automáticamente la presión o añadir técnicas.

Este planteamiento conserva uno de los mensajes más útiles del capítulo: la persona participa, observa y aprende.

5. Cómo conectar los cuatro capítulos en la práctica

Los cuatro capítulos ofrecen niveles de análisis complementarios.

La pelvis ósea aporta el marco estructural. Las capas pélvicas explican el soporte y las funciones locales. La respiración introduce una coordinación dinámica. El capítulo de Palmer incorpora recursos de participación activa.

Una lectura práctica puede comenzar por tres preguntas:

  • ¿Qué actividad presenta dificultades?
  • ¿Qué capacidades parecen relevantes para esa actividad?
  • ¿Cómo comprobaremos si la intervención ayuda?

Desde ahí, la anatomía orienta la exploración y permite seleccionar objetivos, sin obligarnos a aplicar todas las conexiones descritas en el libro.

Dos personas que refieren molestias en la región pélvica pueden necesitar actuaciones diferentes. Una puede presentar dificultades para generar una contracción eficaz; otra, dolor y problemas para reducir la actividad muscular.

El síntoma compartido no justifica una pauta idéntica.

Del mismo modo, observar una respiración contenida durante una tarea puede abrir una posibilidad de aprendizaje, pero no determina por sí solo el diagnóstico.

La mirada global resulta útil cuando amplía las preguntas y mejora la selección de objetivos. Pierde precisión cuando cualquier conexión anatómica se convierte en una causa supuesta.

El criterio final debe incluir la valoración específica, las preferencias de la persona y los cambios en síntomas, función y participación.

Conclusión

The Pelvic Diaphragm propone comprender la región pélvica desde sus relaciones anatómicas y funcionales. La selección de los capítulos 3, 4, 6 y 9 permite recorrer esa propuesta desde el soporte óseo hasta la respiración y las posibilidades de trabajo activo.

Su principal valor para esta revisión es educativo: ofrece descripciones, imágenes y experiencias para pensar en una estructura capaz de sostener, moverse, contraerse y relajarse.

También recuerda la importancia de adaptar las instrucciones, escuchar la respuesta de la persona y colaborar con otros profesionales.

La aplicación exige distinguir entre anatomía, modelos explicativos y eficacia clínica. Las conexiones fasciales fundamentan preguntas; la observación individual orienta decisiones; y la investigación ayuda a establecer qué podemos afirmar sobre los resultados de una intervención.

Comprender mejor el diafragma pélvico permite formular mejores preguntas sobre su función. La elección del tratamiento debe responder al problema concreto, a las necesidades de la persona y a la evidencia disponible.

Referencias

  1. Hammond J. The Pelvic Diaphragm: Treating Pain and Dysfunction From a Global Anatomical Perspective. Champaign: Lotus Books, Human Kinetics; 2026. Capítulo 9 de Fiona Palmer.
  2. van Reijn-Baggen DA, Han-Geurts IJM, Voorham-van der Zalm PJ, Pelger RCM, Hagenaars-van Miert CHAC, Laan ETM. Pelvic Floor Physical Therapy for Pelvic Floor Hypertonicity: A Systematic Review of Treatment Efficacy. Sex Med Rev. 2022;10(2):209–230. doi:10.1016/j.sxmr.2021.03.002.
  3. Talasz H, Kremser C, Kofler M, Kalchschmid E, Lechleitner M, Rudisch A. Phase-locked parallel movement of diaphragm and pelvic floor during breathing and coughing—a dynamic MRI investigation in healthy females. Int Urogynecol J. 2011;22(1):61–68. doi:10.1007/s00192-010-1240-z.
  4. Bø K, Driusso P, Jorge CH. Can you breathe yourself to a better pelvic floor? A systematic review. Neurourol Urodyn. 2023;42(6):1261–1279. doi:10.1002/nau.25218.
  5. Kerautret Y, Guillot A, Eyssautier C, Gibert G, Di Rienzo F. Effects of self-myofascial release interventions with or without sliding pressures on skin temperature, range of motion and perceived well-being: a randomized control pilot trial. BMC Sports Sci Med Rehabil. 2021;13:43. doi:10.1186/s13102-021-00270-8.
Revisamos The Pelvic Diaphragm, de Julie Hammond, para explorar las relaciones entre pelvis, diafragma pélvico, respiración y movimiento, y analizar cómo presenta el libro la autoliberación miofascial desde una perspectiva anatómica global.